Los mejores días de mi vida todavía están por venir

Actualizado: 29 sept
Lo que entrenar a los 66 me ha enseñado es a cumplir años sin vivir mirando hacia atrás.

Hace unos días apareció un pensamiento en mi cabeza.
No era algo que hubiera planeado escribir. Tampoco era una frase motivacional que hubiera leído en algún lado. Fue simplemente una idea que, de repente, sentí con absoluta claridad:
Quiero vivir los mejores días de mi vida en el resto de mi vida.
Me detuve un momento a pensar en qué significaban realmente esas palabras.
A los 66, ya he vivido mucho.
Tengo recuerdos que atesoro. Personas que amo. Lugares que he conocido. Desafíos que he enfrentado. Victorias, errores, aprendizajes, momentos difíciles, momentos extraordinarios y miles de días comunes que terminaron formando parte de mi historia.
Estoy agradecido por todos ellos.
Pero hay algo que no quiero hacer.
No quiero mirar hacia atrás pensando que la mejor parte de mi vida ya pasó.
No quiero que mis mejores días existan solo en mis recuerdos.
Quiero que algunos de ellos todavía me estén esperando.
Cumplir años sin vivir en el pasado
No hay nada malo en mirar hacia atrás.
Nuestros recuerdos son parte de quienes somos. Nos recuerdan de dónde venimos, lo que superamos, lo que logramos y quiénes caminaron a nuestro lado durante el recorrido.
Pero recordar el pasado y vivir en él son dos cosas muy diferentes.
No quiero pasar el resto de mi vida intentando recrear quién fui.
Quiero seguir descubriendo quién todavía puedo llegar a ser.
Pero seguir adelante no significa dejar atrás el pasado.
Los años que viví me dieron algo que no tenía cuando era más joven: experiencia, perspectiva y, espero, un poco más de sabiduría.
Cada acierto, cada error, cada momento difícil y cada aprendizaje fueron moldeando la manera en que hoy veo la vida.
No quiero volver atrás y vivir esos años de nuevo. Quiero llevar todo lo que me enseñaron a los años que todavía me quedan por delante.
Tal vez ese sea uno de los privilegios de cumplir años: quizás tengamos menos años por delante que antes, pero tenemos más vida detrás de nosotros para ayudarnos a entender cómo queremos vivirlos.
Eso cambia mi manera de pensar sobre cumplir años.
La edad es real. No pretendo que no lo sea.
Mi cuerpo a los 66 no es el mismo que tenía a los 30, 40 o 50 años. La recuperación importa más. El sueño importa más. La movilidad importa más. Escuchar a mi cuerpo importa más.
Pero nada de eso significa que la ambición, la curiosidad, la fuerza o las ganas de vivir lo que viene tengan que desaparecer.
Tal vez simplemente evolucionan.
No entreno para volver a ser quien fui
El entrenamiento me ha ayudado a entender esto mejor que casi cualquier otra cosa.
Sigo entrenando duro.
Sigo queriendo ser más fuerte.
Sigo compitiendo.
Sigo disfrutando de caminar hacia una barra y descubrir qué soy capaz de hacer ese día.
Pero no entreno porque estoy luchando contra la edad.
Y definitivamente tampoco entreno porque quiera volver a ser una versión más joven de mí mismo.
No entreno para volver a ser quien fui. Entreno para todo lo que todavía quiero ser.
Sí, quiero estar lo suficientemente fuerte como para competir.
Pero también quiero estar fuerte para viajar.
Para moverme.
Para explorar.
Para disfrutar a mi familia.
Para seguir trabajando en proyectos que me entusiasman.
Para aprender cosas nuevas.
Para poder decir que sí cuando la vida me ponga una nueva experiencia frente a mí.
Para mí, el fitness ya no se trata solamente de cuánto puedo levantar, de qué tan rápido puedo remar o de qué resultado aparece después de un entrenamiento.
Esas cosas todavía me importan. Me encanta el desafío.
Pero la fuerza adquirió para mí un significado mucho mayor.
La fuerza me da opciones.
Y quiero tener todas las opciones posibles en los próximos años.
Esto es mucho más que fitness
Esta reflexión, en realidad, no nació como una idea sobre fitness.
Nació como una idea sobre la vida.
Entrenar forma parte de ella. Competir a los 66 forma parte de ella.
Pero también están Miry, mis hijas, mi familia, mi trabajo, los proyectos que todavía quiero crear, los lugares que todavía quiero conocer, las cosas que todavía quiero aprender y todas esas experiencias que ni siquiera sé que están por llegar.
Quiero reírme mucho.
Quiero equivocarme.
Quiero sorprenderme.
Quiero seguir descubriendo cosas.
Y quiero seguir haciendo planes.
Porque tal vez ahí está una de las diferencias más importantes entre simplemente cumplir años y continuar viviendo con propósito:
Tener algo por delante que aún quieras alcanzar.
No tiene que ser algo extraordinario.
A veces puede ser una competencia.
A veces, un viaje.
Un proyecto.
Una cena con las personas que amas.
Un entrenamiento del que no estabas seguro de poder terminar.
Una conversación que no esperabas.
O simplemente despertarte entusiasmado con algo que todavía no ha sucedido.
No todos los días tienen que ser el mejor día
Hay otra parte de esta idea que, para mí, es importante.
Querer que los mejores días de mi vida todavía estén por venir no significa esperar que cada día sea extraordinario.
La vida no funciona así.
Habrá días increíbles.
Habrá días comunes.
Habrá días difíciles.
Habrá días en los que entrenar se sienta espectacular y otros en los que lo más inteligente que pueda hacer sea recuperarme.
Habrá victorias y decepciones.
Energía y cansancio.
Certezas y dudas.
No necesito que cada día se convierta en un recuerdo del que vaya a hablar para siempre.
Solo quiero seguir presente, capaz, curioso y preparado para los días extraordinarios cuando lleguen.
Y tal vez esa también sea una de las razones por las que entreno.
No porque cada entrenamiento sea extraordinario.
Sino porque cada entrenamiento es una pequeña inversión para estar preparado para lo que venga después.
Los recuerdos que todavía no existen
Cuando pienso en los años que vienen, esto es lo que quiero:
Quiero seguir entrenando.
Quiero seguir cuidándome.
Quiero seguir trabajando por lo que amo.
Quiero seguir disfrutando a mi familia.
Quiero seguir haciendo planes.
Quiero seguir aprendiendo.
Quiero seguir compitiendo.
Quiero seguir sorprendiéndome.
Y, sobre todo...
Quiero seguir creando recuerdos que aún no existen.
Tal vez esa sea la parte de esta reflexión que más significa para mí.
Porque el futuro no se trata solo de cuánto tiempo nos queda.
Se trata de lo que decidimos hacer con ese tiempo.
Tengo 66 años.
No sé exactamente qué traerán los próximos años. Ninguno de nosotros lo sabe.
Pero sí sé cómo quiero recibirlos.
Fuerte.
Curioso.
Presente.
Haciendo planes.
Y todavía mirando hacia adelante.
Los mejores días de mi vida todavía están por venir
Estoy agradecido por todo lo que dejó atrás.
Pero estoy entusiasmado con todo lo que todavía tengo por delante.
Hay entrenamientos que todavía no hice.
Competencias en las que todavía no participé.
Lugares que todavía no visité.
Proyectos que todavía no creé.
Conversaciones que todavía no tuve.
Momentos con mi familia que todavía no han sucedido.
Personas que quizás todavía no conozco.
Y recuerdos que, hoy, ni siquiera existen.
En algún lugar entre todas esas cosas pueden estar algunos de los mejores días de mi vida.
Y quiero estar ahí para vivirlos.
No quiero que mis mejores días sean solo recuerdos.
Quiero que sean planes.
Que mis mejores días no hayan quedado atrás.
Que todavía estén por venir.
VOLT ON. LEGACY ON. ⚡
Strong at 66 · Gus White Fitness




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